martes, 4 de octubre de 2011

EL ESTADO EN CHAVÍN Y EN EL MUNDO ANDINO

Un día como hoy 4 de octubre en 1998 se publica un trabajo que actualiza una polémica sobre el origen del estado en el mundo andino.
Hablar del Estado en el Antiguo Perú es referirse a los pueblos que lograron su desarrollo en base a la utilización de la fuerza de trabajo de sus habitantes.
A cerca del surgimiento del estado en el antiguo Perú, tenemos las recientes opiniones de los historiadores Silva Santiesteban y Ruth Shady. Ellos han retrocedido la fecha del surgimiento del estado casi dos mil años antes de Chavín. En Caral, Supe, (3 000 a.C.) y en La Galgada, Pallasca ( 2 800 a.C.) se ubican rasgos inequívocos que dan cuenta del nacimiento de una forma superior de organización social, asociada a la existencia de una casta que estaba desligada del trabajo productivo.
El estado, en tiempos iniciales era eminentemente teocrático en el mundo andino. En Caral se ha encontrado un mate con la representación de un ser antropomorfo portando dos varas en las manos. Tal sería la representación matinal del Dios Guari, el dios agricultor que se hizo fuerte en el norte del Perú y que en Chavín tendría su máximo apogeo. La casta sacerdotal de Caral dominaba sobre un pueblo agricultor que combinaba dicha actividad con la pesca.

Caral ya mantenía rasgos de un estado incipiente

En La Galgada se hallaron edificios de seis pisos y un templo en forma de pirámide trunca desde donde se administraba grandes extensiones de terrenos cultivables. Aquí el estado primigenio era bastante débil y endeble. Tendrían que pasar muchos siglos para su fortalecimiento y expansión.
Sechín (1780 – 1500 a.C.), pueblo antecesor de Chavín, ubicado en la costa ancashina, es una muestra primigenia de cómo el estado reprime a la comunidad sobre la que se asienta. En

Personaje mutilado en un muro de Sechín

La respuesta a esta pregunta es muy compleja, más aún cuando no tenemos mayores datos al respecto. Existen hipótesis acerca de que se trataría de la representación de una masacre sobre un pueblo vecino que no se avino a los dictados de los gobernantes Sechín. El hecho de representar vívidamente este suceso podría servir como un mensaje directo a la población de lo que le sucedería en caso de desobediencia, alzamiento o rebelión.
El caso de Sechín es muy ejemplificador. En todo el Perú no se han encontrado muestras tan directas de actos de represión en gran escala. Más aún, en épocas tan remotas, en donde la presencia de guerreros todavía no tenía la prominencia que adquiriera tres mil años después, como en los casos de los Wari (900 d.C.) y de los Incas (1400 d.C.) La única relación con actos de represión popular, representados en piedra, se han encontrado entre los Mayas (700 d.C.) de Centroamérica, en su famoso “muro de los muertos”.
En Sechín, la representación de la represión es monumental y guarda todo una alegoría. El conjunto representa un desfile macabro, presidido por sendos estandartes a los que siguen guerreros exhibiendo sus armas y vestimenta de gala. Tras de los guerreros vienen en interminable sucesión los cuerpos mutilados de los reprimidos. ¿Guerreros vencidos? ¿Delincuentes? Lo cierto es que luego de cuatro mil años, queda allí el mensaje directo de una clase dominante que perennizó en piedra, la represión sobre sus habitantes.
Casi mil años después viene el apogeo de los Chavín, otro pueblo agricultor que ubicó su capital en medio de la sierra y extendió su influencia hasta Piura en el norte y el Altiplano en el sur.
Sobre Chavín hay mayor información que en Sechín; era un pueblo con gran diferenciación de clases. La teocracia mantenía un sólido control sobre el pueblo al que exigía la entrega de tributos.

La casta sacerdotal tenía privilegios en Chavín

¿Cómo pudo mantener un férreo control sobre pueblos tan distantes como los Vicús en Piura o los Pucaras en el extremo sur? ¿Su aparato represor estaba tan bien afinado que pudo mantener su poder por casi mil años? La respuesta a estas y otras interrogantes no son tan simples. Chavín se extinguió hacia el año 200 a.C. No tenemos datos concretos más que la información arqueológica y la literatura oral. No hay textos sobre el tema y nadie hasta el presente ha podido descifrar los mensajes escritos en piedra por los Chavín.
En su estudio sobre el arte Chavín, Cristóbal Campana manifiesta que son muy sobrecogedoras las imágenes que nos han dejado los artistas Chavín. En las lápidas se representan con exageración garras de aves, dientes de felinos y serpientes en actitud amenazadora. En conjunto son intimidantes las imágenes del templo de Chavín. ¿Intentaban mantener en un estado de permanente zozobra a la población sojuzgada? ¿Para sostener y reforzar su código moral recurrieron a estas representaciones?
Pero hay aún más en Chavín. Las 48 cabezas clavas que adornaban los exteriores del templo representan rostros verdaderamente espeluznantes. Los ojos fuera de las órbitas, el ceño fruncido en actitud amenazadora y los labios contraidos para enseñar los fieros dientes en donde sobresalen enormes colmillos; no son más que el esfuerzo de un estado dominante, ansioso de mantenerse en el poder indefinidamente. La oscuridad del interior del gran templo, y la imagen fiera del Dios Sonriente de Chavín, refuerzan esta hipótesis.
Los Chavín sentaron las bases de la cultura andina. Sus normas morales y sus leyes debieron ser rígidas y su aparato represor muy bien afiatado para mantenerse en el poder por tanto tiempo.
Con el correr del tiempo, otros pueblos logran la hegemonía y para mantenerse utilizaron la represión contra el pueblo. Luego de Chavín, dos estados surgieron con gran nitidez, los Wari y los Incas, ellos dominaron con normas rígidas y bastante dureza, cosa que caracterizó al mundo andino. La sociedad andina no era socialista como proclaman Valcárcel y sus seguidores, ni tampoco regían los principios democráticos.
La mayor información nos la proporcionan los cronistas sobre los Incas. Al respecto hay muchos y variados estudios. Basadre nos habla incluso del derecho rural Inca, en base a la división en tierras del Inca, tierras del Ayllu y tierras del culto; la reglamentación de las épocas de siembra y cosecha; la obligación de tareas como el abono, limpieza de canales y la reglamentación del trabajo comunitario. El incumplimiento de estas normas se penaba con dureza.
Guamán Poma de Ayala, con su particular modo de interpretar el mundo, una visión a caballo entre lo occidental y lo andino, nos refiere que ya en la tercera edad del hombre, los Purunrunas, tenían  y guardaban sus leyes ordenanzas “y morían por ellos y la ley era dada por el rey y la defendían los capitanes”.
Sobre la cuarta edad, la de los Aucapacharunas, la época anterior a los Incas, señala que “no se consentían los pecados ni el adulterio; quienes pecaban tenían pena de muerte y grandes castigos y había mucha justicia por el rey y capitanes que en aquel tiempo había”. También señala que “habían grandes castigos de ladrones, salteadores, mentirosos, adúlteras y matadores”. Al hablar de castigos y leyes, se entiende que existía un estado represor y organizado en ese entonces.

Grandes castigos para los infractores de las leyes

Los castigos que se imponían según Guamán Poma en su “Nueva Corónica(sic) y Buen Gobierno”,  eran severísimos hasta que ya “no había ladrones ni salteadores porque los castigaban muy cruelmente”.
Otros cronistas españoles se alinean con Garcilaso de la Vega, quien por ser descendiente de Incas, se cuidó muy bien de señalar la existencia de delincuentes y los castigos a que eran sometidos por parte del Estado Inca.
Sechín, se ha ubicado en las paredes exteriores de su templo, más de 400 lápidas representando a personajes mutilados, eviscerados y decapitados. ¿Cuál fue el motivo para que la clase gobernante decidiera decorar las paredes del templo de modo tan cruel y grotesco?

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